Cuando los invitados no quieren irse: Un Domingo de Resurrección que lo cambió todo
Nunca olvidaré aquel Domingo de Resurrección en el que mi casa dejó de ser mi refugio. Tras dos semanas de invasión familiar, tuve que enfrentarme a todos y, por primera vez, poner límites. ¿Fue egoísmo o simplemente el grito desesperado de alguien que necesitaba recuperar su espacio?