A los sesenta, cuando la casa se queda vacía: El nido vacío de Carmen y Manuel
A los sesenta años, me enfrento junto a mi marido Manuel al silencio de una casa que antes rebosaba vida. Nuestros tres hijos, ya adultos, han seguido sus caminos y apenas nos buscan, especialmente nuestro hijo mayor, Sergio, que ni siquiera responde a mis llamadas. Entre recuerdos, reproches y el eco de nuestras propias voces, me pregunto si aún tenemos un papel en sus vidas o si simplemente hemos dejado de ser necesarios.