Siempre estuve para ti, Anabel. ¿Y tú, dónde estabas cuando te necesité?
Nunca olvidaré aquella tarde en la que mi mundo se vino abajo y, por primera vez, sentí que mi mejor amiga me daba la espalda. Durante casi veinte años, Anabel y yo compartimos todo: alegrías, penas, divorcios, hijos, y sueños rotos. Pero cuando fui yo quien necesitó apoyo, sus palabras me atravesaron como un cuchillo.