Azulejos rotos y promesas incumplidas: la última noche en la calle Toledo

Mi nombre es Sergio y aquella noche, con el mazo en la mano y el corazón en llamas, decidí que no me iría de aquel piso sin dejar mi huella. Mi casero, Don Manuel, me había retenido la fianza por una nimiedad, ignorando meses de reparaciones que yo mismo había hecho. Entre rabia, miedo y un deseo desesperado de justicia, rompí el silencio de la madrugada a golpes, sabiendo que mi vida cambiaría para siempre.