La herencia de abuelo Ramón: cuando la sangre no basta
La noche en que murió mi abuelo Ramón, el silencio en casa era tan denso que dolía. Yo, Clara, fui quien lo cuidó durante sus últimos años, mientras mis tíos apenas llamaban por teléfono. Pero cuando llegó el momento de repartir la herencia, la familia se rompió en mil pedazos y descubrí hasta dónde puede llegar la ambición.