Vivo con mis suegros bajo el mismo techo: ¿esto sigue siendo un hogar o ya es un campo de batalla?
Vivo desde hace tres años en la casa de mis suegros, a las afueras de Madrid, y cada día es una lucha por mantener mi identidad, mi espacio y mi relación familiar. Siento que he dejado de ser yo misma y que mis límites se desdibujan con cada discusión o comentario no solicitado. ¿Es posible reconstruir la felicidad cuando parece que el hogar se ha convertido en el lugar más hostil?