Entró y lo soltó: “Quiero el divorcio”. En ese instante, recordé el consejo de mi madre.
Nunca imaginé que mi vida cambiaría en un solo segundo. Todo lo que creía seguro se desmoronó con una sola frase de mi marido. Ahora, mientras intento recomponerme, me aferro a las palabras de mi madre y me pregunto si alguna vez podré volver a confiar.