El hombre del abrigo raído: una historia de bondad y secretos en la Calle Mayor
Me llamo Lucía Romero y creía que el hombre que se sentaba cada mañana junto a mi pequeño puesto de churros era solo un mendigo más, invisible para todos salvo para mí. Compartía mi desayuno con él, sin imaginar que un día mi gesto cambiaría todo lo que pensaba sobre él y sobre mí misma. Lo que descubrí me hizo cuestionar la verdadera naturaleza de la compasión y los secretos que todos llevamos.