Mi hija, su pelo y nosotros al borde: ¿Puede sacrificarse un niño por una idea?
Todo comenzó con un grito y lágrimas: los de mi hija, los de mi esposa y los míos. Cuando descubrí que Carmen había obligado a nuestra hija Lucía a raparse la cabeza por una amiga enferma, sentí que el suelo se abría bajo mis pies. Ahora no sé si seguimos siendo una familia o solo un grupo de personas con sus propias verdades.