Herencias rotas: el precio de la sangre
Tras la muerte de mi padre, la casa se llenó de silencios y reproches. Mis hermanos y yo, en vez de unirnos en el duelo, nos vimos arrastrados a una guerra por la herencia, desenterrando viejas heridas y palabras que nunca debieron decirse. Ahora me pregunto si algún día podremos volver a mirarnos a los ojos sin recordar todo lo que perdimos.