La venganza inesperada de la abuela Laura: una lección de humildad en el barrio de Chamberí
Me llamo Laura y, a mis setenta y ocho años, creía que nada ni nadie podía ya herirme. Pero una tarde en la frutería del barrio, un joven dependiente me humilló delante de todos. Decidí vengarme, pero lo que empezó como un ajuste de cuentas se transformó en una amistad insólita y una lección sobre el perdón.