Un frigorífico vacío, un corazón lleno de dudas: La historia de un hijo que no quiere marcharse
Desde que abrí el frigorífico y lo vi vacío, sentí que mi vida se desmoronaba. Mi hijo Dario, con 32 años, sigue viviendo con nosotros, sin apenas salir ni buscar su propio camino. Cada día me pregunto si fallé como madre y si nuestra familia podrá soportar esta tensión.