¿Hasta cuándo tengo que ser la madre de todos?
Una mañana, la voz de mi suegra me despertó y sentí que ya no podía más. Mi pareja, antes divertido y atento, se había convertido en alguien para quien era madre, pareja y criada. Decidí dejarlo todo atrás, enfrentarme a mi familia y a la sociedad, y buscar mi propia felicidad.